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...seguí

¿Porqué vienen?

La respuesta es obvia. La carnicería en Santa Rita paga $40.00 a $100.00 por semana. Pueden ganar cinco a diez veces en Tyson o en Sara Lee. El trabajo del campo paga $40.00 la semana o menos. Trabajadores de prendas de vestír en Ayotlan ciudad (sede del condado, población, 15,000 a 18,000, algo de 10 minutos de Santa Rita) ganan hasta $100.00 la semana. Las mujeres ensartan abalorios enfrente de sus casas humildes en el pueblo pequeño de La Rivera por la noche para rosaries mandados por todas partes. Es el centro más grande del mundo de fabricar rosaries fuera de Roma. Todo hecho por mano.

“Gano bastante para que mi familia coma,” dice Teniente de Policía Rudy Vasquez, un policía conriento que toca la guitarra para los niños en la plaza de Santa Rita. “Pero para comprar zapatos, tenemos que pensar mucho y hacer planes.

“Usted vive aquí, es como una familia, quiere tener una soda conmigo, está bien. Ésta es mi tierra.”

La pobreza sencilla, los sufrimientos sencillos, la alegría sencilla, la vida sencilla.

La vieja vende caña de azucar en la calle en Ayotlan. Está amontonada alrededor de ella. Ella trata de esconderse detrás de la caña de la camera, pero eventualmente ella aparece sonrienta. Le pido caña de azucar. Ella la corta con su machete antiguo y pone los cuadrados en un saco de plástica con, manos castañas y duras. Yo le muestro la mano blanca llena de pesos y le digo que tome lo que necesita.

“¡Ay, no! Usted es mi invitado,” ella dice.

La masco. La caña es dulce de manera sutil. Estará más madurada el mes que viene y más dulce. No puedo mascarla toda, por eso la arrojo con mi culpa en la basura antes de entrar en el centro de la salud de la comunidad, blanco imaculado y brillante debajo el sol de la montaña.

La cliníca es gratis por el cuidado básico, financiado por el gobierno federal. Las pacientes fregan el suelo para ganar sus gastos.

La Doctora Gloria Irma demuestra la sala de maternidad. Una cama. Limpia. Ocho horas despúes del nacimiento, la madre y bebe van a casa.

En frente del pasillo está la sala de rehydración para los jóvenes y viejos que sufren de diarrea. Un muchacho espera. Ayotlan tiene cloro en el agua, pero no Santa Rita. Usted toma agua de una botella, si puede pagarle. Usted usa jabón si puede pagarlo.

Vuelto a Santa Rita, el Doctor Miguel Hernandez dice bienvenido a Huddleston a su casa con abrazos. El nos invita adentro para jugo fresco de naranja. Gotitas del cielo, esto. En una sala cercana una vieja estaba muriendo con su hijo. Doctor Hernandez tiene un hospital, según niveles de Santa Rita, adjunto a su casa. Cuatro o seis camas tienen los enfermos graves y los que están nuriendo. El hijo nos Saluda con un “Buenos días” sombrío. Doctor Miguel cierra la puerta.

Después de conocer a José en la calle en Santa Rita, el camion nos transporta con escolta de policía – un policía maneja, el otro está a pie atrás en el pickup con un M-16 – por el camino sinuoso a Ayotlan. Un pantano está a la izquierda. La leyenda local dice que hay seis crocodiles en el pantano. Nadie sabe por seguro. Los caballos beben inconsientes.

El camion se acerca a la plaza del pueblo, con el edificio del condado y la Igelsia de Son Augustín. En la iglesia la gente compra coronas en los altars al lado con retratos de los jóvenes que han salido para Storm Lake. Dicen una oración al Santo Toribio, Patron a los inmigrantes.

Afuera, mil personas se juntan en la plaza. Una banda toca la canción del estado Jalisco. Un festival está presentándose.

“Es todo por ustedes,” Johanna Soto nos dice.

Estamos muy sorprendidos. El alcalde, David Soto, nos dice bienvenidos. Saludamos a mucha gente en trajes y corbatas, Las caras nublan. “Hola, Muchas gracias. Buenos noches.”

El alcalde sube el belvedere. La banda cesa de tocar. Él toma el micrófono y dice a la gente que nosotros somos amigos de Ayotlan de Storm Lake.

La multitud aplaudió.

Ellos ofrecen tequila sangria en tazas de piedra. Caminamos alrededor de la plaza estrechándonos la mano y besando. Oscurece debajo de luces amarillas. Surreal.

Nos llevaron rapidamente a un Castillo en una colina que mira sobre Ayotlan, el primero de banquetes que comienzan a las 10:00 o 11:00 de la noche y terminan, “Quién sabe?” El dueño tiene una carnicería.  “Salud” gritan mientras que los vasos de tequila tintinean. Una banda de mariachi toca. La sopa de calabaza se sirve  para el primer plato. Más “salud.” El próximo plato viene.

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